Libros de José-Fernando Rey Ballesteros

10 Febrero, 2014 – Espiritualidad digital

El Dios que toca y se deja tocar

Hemorroisa    Os habréis dado cuenta de la importancia que tiene en los evangelios, en cuanto a la persona de Jesús, el acto de tocar. A menudo sana el Señor a los enfermos tocándolos, devuelve la vista a los ciegos poniendo barro en sus ojos, el habla a los mudos poniendo saliva en su lengua, cura a los leprosos palpando su lepra, y resucita a los muertos tomándolos de la mano.

    Los que lo tocaban se ponían sanos… ¡Bendita humanidad de Cristo! El mismo san Juan anuncia que nos cuenta lo que palparon nuestras manos (1Jn 1, 1). Dios se ha hecho hombre para tocarnos, y para que lo podamos tocar. ¿No es así como expresamos el amor entre nosotros? Un abrazo, una caricia, un beso, un apretón de manos… Definitivamente, Dios ha traído su romance con el hombre a nuestro terreno, al de la carne, donde sabemos cómo desenvolvernos.

    Por eso, porque el Verbo Divino se ha encarnado, viene a nosotros a través de signos sensibles, como son los sacramentos. Y, por eso también, veneramos las imágenes, las besamos, procuramos hacer con cariño las genuflexiones y acudir bien vestidos a la santa Misa. Con esos detalles tan carnales, tocamos a Dios.

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