Libros de José-Fernando Rey Ballesteros

1 Febrero, 2014 – Espiritualidad digital

El Dios débil

¡Hasta el viento y las aguas le obedecen!    A los apóstoles les asombraba -y con razón- que los vientos y las aguas obedeciesen al Señor. Se preguntaban: ¿Pero quién es éste? ¡Hasta el viento y las aguas le obedecen! También los demonios, aunque temblando, obedecían al Señor, y, al verlo, las gentes se admiraban.

    A mí lo que me asombra, por encima de todo, es que los hombres le desobedezcan y se queden tan tranquilos. Me asombra este Dios que consiente a una criatura insignificante plantarle cara, salirle respondón, y decirle: «¡No me da la gana!». Me sobrecoge el Rey de Cielo y Tierra que permite que se profanen los sagrarios, que calla ante las blasfemias y que parece mudo ante los crímenes. En definitiva: me asombra más el Jesús dormido en la barca durante la tormenta que el que manda callar al oleaje.

    Y es que, al fin y al cabo, el poder y la fuerza son propios de Dios. Pero ese postrarse ante la libertad humana suplicando cariño, y esa mansedumbre ante los desprecios son más bien propios de alguien muy enamorado y muy débil. A los apóstoles les sobrecogía el hombre que parece Dios. A mí me fascina el Dios que se ha hecho hombre.

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