“Evangelio

Febrero 2014 – Espiritualidad digital

¿Pueden comulgar los divorciados vueltos a casar?

comunión    Respuesta rápida, contundente y sin titubeos: «sí, pueden». Y debe gritarse, porque está cundiendo la especie de que los divorciados vueltos a casar no pueden comulgar. Mentira.

    El 14-IX-1994, la Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe, cuyo prefecto era el card. Ratzinger, promulgó una «Carta a los obispos de la Iglesia Católica sobre la recepción de la comunión eucarística por parte de los fieles divorciados vueltos a casar». Allí se explicaba que esos fieles, como todos, pueden comulgar, siempre y cuando -como todos- se encuentren en estado de gracia. Por tanto, los divorciados vueltos a casar pueden comulgar igual que yo. A ellos y a mí se nos pide que evitemos del pecado o nos confesemos -arrepentidos- si hemos caído en él.

    Lo que la Iglesia no puede cambiar, porque dejaría de existir, es la Palabra de Dios: Si uno se divorcia de su mujer y se casa con otra, comete adulterio. Por eso, la carta explica que, para comulgar dignamente, los divorciados vueltos a casar deben vivir «como hermano y hermana», es decir, evitando la consumación del adulterio. También en eso son igual que yo: si yo cometo adulterio, no puedo comulgar.

    ¿Tan difícil de entender es?

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“Cristo

La espiritualidad burguesa y su trágica mentira

espiritualidad burguesa    Se cuenta -calumnias, probablemente- de Orígenes, uno de los padres de la Iglesia del siglo III, que quedó sin canonizar por haber interpretado demasiado literalmente las palabras del Señor: Si tu mano te hace caer, córtatela. No fue precisamente la mano lo que -dicen- se cortó, pero la enseñanza final es la misma: esas palabras del Evangelio no deben ser tomadas en sentido literal.

    Cierto. Las palabras de Jesús apuntan más lejos y más hondo. El hombre no puede aspirar a tenerlo todo en esta vida y tenerlo todo también en la otra. Elegir supone perder para ganar. Quien no está dispuesto a perder nada, se condena a que la muerte elija por él y se lo arrebate todo.

    Sé que, hoy día, nuestra espiritualidad burguesa ha persuadido a muchos de que pueden no privarse de nada aquí y ganar después el Cielo, con tal que de que añadan a su regalada vida el aderezo espiritual de la oración. Pero esa oración podrá servir para combatir el estrés, no para llegar al Cielo. Si nuestros «santos de salón» mirasen más de cerca al Crucifijo, entenderían que es preciso renunciar a mucho en esta vida para ser recibidos en el Paraíso.

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“Cristo

Los peligros de tener razón

tener razón    Creedme si os digo que una de las situaciones más peligrosas en la vida de un hombre es la de tener razón. Cada vez que tenemos razón deberíamos temblar. Y es que está científicamente demostrado que, cuando un hombre tiene razón, su siguiente movimiento es obligar a los demás a que se la den. Y -digo yo- si ya la tienes, ¿por qué quieres que te la den? No sé, pero la historia está llena de personajes empeñados en que los demás les den la razón que ellos dicen tener.

    Hemos visto a uno que echaba demonios en tu nombre, y se lo hemos querido impedir. Como estaban seguros de tener razón, los apóstoles dieron ese pequeño y seductor paso, el mismo que quiso dar Pedro en Getsemaní, y quisieron obligar a los demás a actuar de acuerdo con sus clarividencias. Por si fuera poco, quienes creían tener razón estaban equivocados -suele suceder-.

    No se lo impidáis… Dios, que es único que siempre tiene razón, sin embargo no obliga jamás al hombre a obedecerle. Respeta la libertad del ser humano, incluso cuando se vuelve contra Él y lo clava en una Cruz. Más nos valdría ser humildes cuando tenemos razón.

(TOP07X)

“Cristo

Entregado en manos de los hombres

entregado en manos de los hombres    El domingo pasado leíamos el Sermón de la Montaña. Pocas palabras de Jesús suscitan tantas rebeldías como las que allí aparecen. «¿Por qué tengo que poner la otra mejilla? ¿por qué tengo que dejarme robar? ¿por qué siempre tengo que ceder yo?»….

    Es muy cansado responder a cada queja. Debería bastar una mirada al Crucifijo: el Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres. Jesús se ha puesto en nuestras manos para bien y para mal. Lo abrazó María en Belén, y se dejó amar. Lo cosieron los hombres al madero en el Calvario, y se dejó humillar. Si comulgas con fervor, se deja honrar. Si perpetras el sacrilegio de comulgar en pecado, no por ello abandona Jesús la Hostia, sino que se deja profanar… Ya lo ves: está entregado en manos de los hombres.

    Tu vida es tuya, y libre te ha hecho Dios. Pero, si quieres ser cristiano, Jesús te invita a vivir como vivió Él. Haz de tu vida un regalo, y entrégalo a tus semejantes sin instrucciones de uso. Si te aman, acoge agradecido ese amor. Si te humillan, no te quejes. Así serás, de verdad, un cristiano, es decir, otro Cristo.

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Bendita oración mal hecha

oracion    Antes de escribir lo que tengo en la punta de los dedos, vaya por delante que la oración mal hecha es muy valiosa. Rezar mal es infinitamente mejor que no rezar. Muchos se excusan diciendo: «como rezo mal, mejor no rezar». Mentira. Quien reza mal es muy posible que acabe rezando bien. Quien no reza no rezará bien nunca.

    Dicho esto, abro los dedos y libero el mensaje: una oración mal hecha no es digna de ser llamada oración. El golpeteo de padrenuestros pidiendo favores, o la mirada al reloj seguida de miradas sucesivas hasta que se cumple el tiempo fijado, o la plegaria de unas posaderas cosidas al banco mientras la mente vuela extraviada no es oración.

    La oración verdadera, muchas veces, ni siquiera necesita palabras. Es un silencio recogido de todo el ser en Dios, una mirada amorosa que se prolonga y se extiende, un «te quiero» interminable que no cansa…

    Esta especie sólo puede salir con oración. Esa oración expulsa demonios, hace milagros y santifica al hombre. Pero, para llegar a ella, primero hay que haber rezado mal muchas veces sin cansarse nunca. Por tanto, por el Amor de Dios, rece usted mal, aunque no sea oración.

(TOP07L)

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Tus enemigos íntimos

enemigos    Piensan muchos que las palabras de Jesús acerca del amor a los enemigos no van con ellos. Ellos -dicen- no tienen enemigos.

    Mentira. Vivimos rodeados de enemigos. Tu mujer, tu marido, tus hijos, tu padres, tus compañeros de trabajo y el propio Dios son enemigos tuyos. ¿No te defiendes de ellos continuamente? No encuentras tiempo para ti, no te dejan en paz, no puedes hacer lo que quisieras… Te están robando la vida. Llegas al trabajo, y quieres que te dejen en paz y no te pidan favores. Vuelves a casa, y te parapetas en tu habitación, en tus hobbies o en el televisor porque tienes derecho a descansar. Dios no para de acosarte: ¿por qué lo que me gusta tiene que ser pecado? ¿por qué no me deja Dios hacer lo que me apetece? Vives en guerra continua con tu prójimo y con tu Creador, y por eso no encuentras la paz.

    Amad a vuestros enemigos… Anda, ríndete. Deja que los demás se vivan tu vida, y sirve a Dios de buena gana, no a regañadientes. Convierte a tus enemigos en amigos, y verás lo feliz -y lo santo- que puedes llegar a ser. Basta con que seas generoso.

(TOA07)

“Cristo

Es la piedra la que importa

sobre esta piedra edificaré mi Iglesia    Las palabras de Jesús sobre esta piedra edificaré mi Iglesia no son bien entendidas hoy. Cristo es el gran proscrito de los medios de comunicación, y, al desterrar su recuerdo e ignorar su obra, olvidamos que fue Él quien llamó «Pedro» a Simón. Los focos y los flashes se centran en Simón, y Pedro queda tan desterrado como Cristo. Queremos papas mediáticos, generadores de «trending topics». Buscamos a Bergoglio como habíamos buscado a Ratzinger o a Wojtyla…  Simón está de moda, mientras Pedro pasa inadvertido.

    Pero olvidamos que, cuando Jesús cambia el nombre de Simón, Simón muere y nace Pedro. La piedra, la roca sobre la que es edificada la Iglesia, es Cristo mismo. Y Cristo está por encima de los pecados de Simón, de sus forma de expresarse, o de su edad, del mismo modo que las letras que ahora lees importan más que las pulgadas del monitor o del smartphone en que lo lees. Del Papa Francisco no me importa lo que lo hace diferente a los demás papas. Me importa lo que lo une a los demás papas, y, a través de ellos, a Cristo: la Fe en la que Dios me confirma a través de él.

(2202)

“Cristo

Cerraré los ojos

cerraré los ojos    Dice Jesús: El que quiera venirse conmigo… Y quizás, quien no lo conoce, podría preguntar: «¿A dónde? ¿Dónde vas a llevarme, si voy contigo?». Sin embargo, quien lo conoce no preguntará nada. Simplemente dirá que sí.

    No me importa, Jesús, dónde me lleves. Porque el ir contigo es ya mi meta. Teniéndote a mi lado, no quiero nada más. ¿Acaso el Cielo no consiste en estar contigo, en abrazarte y no soltarte por los siglos? ¿Y puede desearse algo mayor que el Cielo? Pues así, Jesús, aún en la Tierra, si voy contigo ya gusto el Cielo. Y tan sólo la distancia que aquí me pueda separar de Ti me mueve a desear algo mejor: acortarla, estar más cerca aún. Es el cometido de mi vida.

    Por tanto, elige Tú dónde vamos, que a mí poco me importa mientras no me separe de Ti. Si quieres llevarme al Tabor, allí gozaré de tus delicias. Si quieres llevarme al Gólgota, allí recibiré tu Amor, compartiré tus llagas, y gozaré mi Cielo. Y si quieres que visitemos ambos antes de llegar a Casa, cerraré los ojos, oleré tu piel junto a mí, y, cuando hayamos llegado, me avisas y me despiertas. ¡Jesús!

(TOP06V)

“Cristo

¿Quién soy?

¿quién soy?    Tú te acercas por detrás a un niño. Con cuidado, pones tus manos sobre sus ojos. El niño se sobresalta un poco, y lleva sus manos a las tuyas para retirarlas. Tú le preguntas: «¿Quién soy?» Entonces, si el niño te conoce, tu voz le tranquiliza: «¡Eres mamá!». Retiras las manos de sus ojos, el niño se da la vuelta, y os besáis.

    Ya conocéis el juego. Lo habéis practicado muchas veces con vuestros hijos. Pero jamás lo haríais con un niño que no os conoce, porque entonces tan sólo conseguiríais asustarlo.

    ¿Quién decís que soy yo? Los apóstoles, aparentemente, tienen los ojos abiertos… Pero no es así. Son los ojos del alma -la fe- los que reconocen a Dios. Y esa fe aún era débil. Los apóstoles miraban y no veían. Pero, ante la cariñosa pregunta de Jesús, en  el alma de Simón se despiertan nostalgias de un Creador que dejó su huella impresa en el corazón del hombre… Tú eres el Mesías.

    Por eso, aunque no veamos a Dios, su Palabra tiene siempre esa calidez para nosotros. Dan ganas de decir, al escucharla, aún con los ojos tapados a la eternidad: «¡Eres Tú, Señor mío y Dios mío!»

(TOP06J)

“Cristo

Ciegos que ven, y árboles que andan

árboles que andan    Puede parecer estrambótico el detalle que cuenta san Marcos acerca del ciego que le presentaron a Jesús: Le untó saliva en los ojos. Sin embargo, a quien haya leído los salmos le parecerá -nunca mejor dicho- un gesto «muy lúcido», pues la saliva es signo de la palabra. Allí está escrito: Lámpara es tu palabra para mis pasos, Señor, luz en mis senderos (Sal 118, 105).

    ¿No es la palabra del guía la luz de los ojos del ciego? «Ten cuidado con el escalón… Gira ahora a la izquierda…» Así la Palabra de Dios es guía de quienes caminamos a ciegas buscando el Cielo.

    Toma la Palabra de Dios cada mañana, y úntala en los ojos del alma, para que se abran y tengas fe. Empezarás a mirar como Dios: Veo hombres; me parecen árboles. Así nos ve Dios: como árboles. En ocasiones, como higueras a quienes pide higos fuera de tiempo. En otras, como árboles malos que deben ser sanados para dar frutos buenos.

    Después, como al ciego, Jesús pondrá sus manos en tus ojos. Serán sus manos llagadas en la Cruz. Y quedarás curado, y verás todo con claridad. Es decir, lo verás a Él, la claridad misma.

(TOP06X)

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