Liber Gomorrhianus

28 Enero, 2014 – Espiritualidad digital

El corro de la patata

corro de la patata    Confieso que se me atraganta la traducción española de los textos bíblicos. El otro día había una lancha, de cuando en cuando aparecen cortijos, a veces te encuentras con «el público» -como si Nuestro Señor fuese David Bisbal de gira- y, hoy, el corro de la patata.

    Paseando la mirada por el corro, dijo… Es mucho más elegante el latín de la neovulgata: Et circumspiciens eos, qui in circuito eius sedebant… ¡No me digan! ¡No hay color!

    Pero, en fin, ya que me lo ponen en bandeja, diré que, como muchos compatriotas de mi edad, también yo cantaba de niño: «El corro de la patata, comeremos ensalada, naranjitas y limones, como comen los señores». Los tiempos han cambiado, y ahora «los señores» se embaúlan mariscadas. Pero, en todo caso, el corro de la patata estaba formado por una elite de selectos comensales.

    El que cumple la voluntad de Dios, ése es mi hermano y mi hermana y mi madre. Y es que el corro de la patata de Jesús lo conforman quienes se sientan en la mesa familiar del Hijo de Dios. Comen su carne, beben su sangre, y entregan su vida en obediencia al Padre como Él. ¡Bendito corro!

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