Liber Gomorrhianus

22 enero, 2014 – Espiritualidad digital

El discurso de los tontos

tontos    No desvelo ningún secreto si digo que hay mucho tonto suelto. La estulticia está sazonada profusa y generosamente por toda la faz de la Tierra. No es difícil, cuando te están mirando más de diez personas, que en el grupo hayan caído uno o dos tontos, por lo menos.

    Cuando Jesús, tras curar en sábado al hombre que tenía la mano paralizada, obtuvo como resultado el que los fariseos se pusieran a planear con los herodianos el modo de acabar con él, cualquiera de los muchos tontos que hormiguean por el globo terrestre le hubiese dicho: «Mal hecho, Maestro. Esos gestos provocativos te restan popularidad. Haz los milagros en martes, y conseguirás las mismas curaciones. Pero, además, caerás bien a todo el mundo y la prensa dirá maravillas de Ti. ¿No quieres conquistar a los hombres? Pues, ya sabes, para eso, además de ser bueno, es necesario caer bien».

    No sigamos haciendo de altavoz a los bobos. Baste decir que el santo ama a todos los hombres, pero no busca agradarlos. El santo sólo busca agradar a Dios. Y si, por agradar a Dios, van los hombres a detestarlo, el santo sabe que las almas se ganan en la Cruz.

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