“Evangelio

18 Enero, 2014 – Espiritualidad digital

Buscamos la fruta y huimos del árbol

arbol    Durante tres años, a Jesús lo rodearon multitudes. Y todos tenían algo en común: eran enfermos. No necesitan médico los sanos, sino los enfermos. Enfermos de cuerpo y de alma: ciegos, cojos, publicanos y prostitutas. La Humanidad herida por el pecado lo rodeó hasta casi la asfixia, buscando en el Hijo de Dios la curación de sus enfermedades y el perdón de sus culpas.

    Pero cuando el enfermo fue Él… Cuando, en lo alto de la Cruz, se presentó al mundo herido y flagelado, coronado de espinas y varón de dolores, todas aquellas multitudes se espantaron y huyeron de su presencia, dejándolo solo, o -peor- gritando que debía morir.

    Y fue entonces cuando nos sanó. Su muerte nos trajo la vida, y sus heridas curaron las nuestras. Pero se quedó solo. Qué paradoja: anhelamos los frutos de la Cruz, a la vez que huimos de la propia Cruz.

    Muchos se obsesionan con el «apostolado de lo atractivo». Quisieran presentar a Jesucristo como presentan la última película de moda o un hit musical para adolescentes. Congregan de nuevo multitudes en torno al milagro. Pero el apostolado más necesario es el de lo repugnante. Encontrar cireneos es más difícil que aglutinar consumidores.

(TOP01S)