Liber Gomorrhianus

8 Enero, 2014 – Espiritualidad digital

Comuniones navideñas

comulgar    El Verbo encarnado es el Pan de vida. Por eso, la escena de Belén es profundamente eucarística. Es el pesebre -lugar donde comían las bestias- una patena sobre la que ya se ofrece la Víctima que será inmolada en la Cruz. Y son los pañales corporales sobre los que se posa la Hostia destinada a ser comida en amor por los hombres. Puede decirse, en Belén, que ha comenzado la Plegaria Eucarística.

    Partió los panes y se los dio a los discípulos para que los sirvieran. Me gusta pensar, en Navidad, que cada vez que consagro el pan y el vino deja la Virgen en mis manos a su Hijo. ¡Pesa tan poquito la Hostia! Casi podría acunarlo, pero no es posible, con tanta gente mirando.

    Después, cuando comulgo, «me como a besos» al Niño Jesús. Y toda mi oración, en esos momentos, puede ser un villancico, unas gracietas, un chiste, una canción de cuna, unas carantoñas. Es muy enternecedor comulgar en Navidad.

    Y es que el mejor Belén es el altar. No lo olvides. Si no tienes costumbre de hacerlo, procura en estas fechas ir a misa y comulgar todos los días. Porque el Niño Jesús está «para comérselo».

(0801)