Libros de José-Fernando Rey Ballesteros

2 Enero, 2014 – Espiritualidad digital

No te aconsejo nada; te presento a alguien

conocimiento    Ayer celebrábamos a María como Madre de Dios, y me preguntaba yo a quién le importan hoy los dogmas. Desde hace tres siglos nos hemos vuelto tan prácticos, que parece que sólo nos importase la moral: «dígame qué tengo que hacer, y ahórreme la teoría». Tanto peor para nosotros. Hemos dejado de ser contemplativos, y eso nos impide enamorarnos del Verbo encarnado.

    Ésta es la vida eterna: que te conozcan a ti, único Dios verdadero, y al que tú enviaste, Jesucristo (Jn 17, 3). Son palabras del mismo Jesús. Y, en boca de Juan: Nosotros hemos conocido el amor que Dios nos tiene, y hemos creído en él (1Jn 14, 16). El mero conocimiento no salva; pero, cuando el conocido es tan dulce y hermoso como Jesús, su conocimiento despierta el amor, y ese amor es ya vida eterna.

    En medio de vosotros hay uno que no conocéis. Es urgente volver a la contemplación del Evangelio. Es preciso retomar el discurso de las dos naturalezas de Cristo y la unión hipostática. Y es necesario hacerlo de tal modo que invite al asombro y al amor. La salvación comienza -¡siempre!- en los ojos, no en las manos ni en los pies.

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