“Evangelio

27 Diciembre, 2013 – Espiritualidad digital

Es muy triste ser ciego en Navidad

Navidad    En el primero de los prefacios de Navidad pedimos que «conociendo a Dios visiblemente, él nos lleve al amor de lo invisible». De eso, precisamente, se trata. Dios se ha hecho visible, y se muestra en la carne de un niño. El hombre abre los ojos y mira, atónito, al pesebre. Lo que ve no es distinto, en su apariencia, de lo que vería ante cualquier otro recién nacido: un niño que llora, moquea, y es abrazado por su madre.

    Es entonces, si no se retira la mirada, si se mantiene la devota atención en esa escena, cuando, a través de la noche que conforman esa sencillez y esa pobreza se abren los ojos del alma y emprende su vuelo la fe. Cruza más allá de la Humanidad  santísima de Cristo, y alcanza la sosegada luz de su Divinidad. Ese niño es Dios, es el Verbo divino encarnado por Amor al hombre.

    Vio y creyó. Necesitamos la mirada casta de san Juan para mirar así. Sólo los limpios de corazón podrán ver a Dios. Y a él, al discípulo amado, le pedimos prestados sus ojos para contemplar el pesebre. Ha amanecido Dios, y es muy triste ser ciego en Navidad.

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