Evangelio 2018

22 diciembre, 2013 – Espiritualidad digital

La Navidad de José

belen    Todos los belenes deberían estar ya puestos en las casas. La Navidad quiere entrar por los ojos, y especialmente por los ojos de los niños. Pedidles prestados sus ojos a vuestros hijos pequeños, o rebuscad en vuestro interior hasta que encontréis, bajo un montón de recuerdos, vuestros ojos de niño. Sólo con ellos podréis alegraros mirando al Belén. Es aconsejable, durante estos días, hacer la oración junto al Nacimiento.

    Fijaos en José y en la Virgen… Sin ellos, no hubiese habido Navidad. Y, sin embargo, ¡qué sencillos son! Parecen no darse importancia. Son el mejor testimonio de esa espiritualidad del «encogimiento de hombros» que distingue a los humildes. Si los miráis atentamente, os daréis cuenta del gozo que reina en sus corazones. Están invadidos por una alegría sosegada y desbordante. No necesitan petardos ni ruido. Les basta con sonreír.

    Cuando José se despertó, hizo lo que le había mandado el ángel y se llevó a casa a su mujer. Ahí tenéis revelado el secreto, si queréis vivir la misma Navidad que José: basta con obedecer -hacer la voluntad de Dios- y con llevarse a casa a María. ya veis qué fácil: hacer caso al confesor y rezarle a la Virgen.

(TAA04)