Liber Gomorrhianus

18 Diciembre, 2013 – Espiritualidad digital

Lo que se pierden los mezquinos

mezquinos    Lo normal hubiera sido que al pobre José, que no podía dormir por el disgusto de saber que María estaba encinta, el ángel le hubiese dicho: «José, no te preocupes, no sufras». Pero Gabriel, a quien Dios había encomendado tranquilizar al patriarca, le dice: José, no tengas reparo.

    O sea, que tenía reparo. Y el motivo de su «reparo» residía, simplemente, en que temía incumplir la Ley de Dios si no repudiaba a María.

    Antes de que Gabriel apareciese en escena, por cumplir la voluntad de Dios, María había hecho voto de virginidad y, con ello, había renunciado a ser madre. Y José, amante de la Ley divina, había renunciado a llevarse a su casa a la mujer que amaba.

    ¡Qué personas tan buenas! Por no disgustar a su Señor, ambos renunciaban a deseos fortísimos, y lo hacían sin darse importancia.

    Entonces llega Gabriel, y no les da sino alegrías muy superiores a lo que esperaban: María será madre, y madre del mismo Dios. Y José tendrá a la mujer que ama, y además cuidará del mismo Dios.

    ¡No saben lo que se pierden quienes son miedosos y mezquinos a la hora de renunciar a algo por amor al Señor!

(1812)