Evangelio 2018

4 diciembre, 2013 – Espiritualidad digital

Hambre

hambre    Tenemos más cosas de las que hemos tenido nunca, y, sin embargo, tenemos más hambre de la que nunca hemos tenido. La prueba son, precisamente, las muchas cosas que tenemos. Nunca estamos satisfechos; siempre queremos más. Y a lo que tenemos nos agarramos como a un salvavidas para que nadie nos lo quite… Pero nuestras vidas se sienten perdidas de todas formas. En resumen: en medio de toda esta abundancia de cosas, tenemos hambre de Dios. Lo peor es que no la sentimos, porque las mismas cosas nos saturan y abotargan. Y pensamos que con más cosas la saciaremos, pero sabemos que es mentira. Si nos hablan de Dios nos encuentran hastiados. Decididamente, hace falta ayuno.

    Nunca ha hecho falta al ayuno tanto como hoy, y nunca hemos ayunado menos. ¡Cuántos despropósitos! Sin ayuno, la oración se disuelve en técnicas de relajación espiritual para burgueses.

    Me da lástima de esta gente, porque no tienen qué comer. Por eso viene el Señor, para alimentarnos con el único alimento que puede saciarnos: Dios. Pero, si nos encuentra saturados (que no saciados), no podrá darnos de comer, porque no querremos acudir. «Adviento» es también ayuno. O sea, sentir el hambre que ya tenemos.

(TA01X)