Libros de José-Fernando Rey Ballesteros

22 Noviembre, 2013 – Espiritualidad digital

El Jesús de los labios partidos

Jesús de los labios partidos    ¡Para que te fíes de las “grandezas” humanas! Todo el pueblo estaba pendiente de sus labios, nos dice san Lucas. Y ese mismo pueblo pidió a grandes voces que lo crucificaran.

    Claro que, cuando clamaron pidiendo la muerte de Jesús, sus labios estaban partidos y Él ya guardaba silencio. Lo que les interesaba de Jesús eran sus labios y sus palabras. ¡Eran tan bonitas! Pero sin labios, y sin palabras, Jesús había dejado de interesar.

    También las manos de Jesús, que multiplicaban panes y curaban enfermos, había movido multitudes. Pero, cuando los mismos que habían comido los panes y habían sanado de sus males pidieron que lo crucificaran, esas manos estaban surcadas por los látigos. Ya no hacían milagros. Y, sin milagros, Jesús podía ser arrojado al estercolero del Gólgota.

   ¿A quién le interesaban los labios partidos y las manos sangrantes de Jesús? ¡Obviamente, a su Mamá! Y a Juan. Y a pocos más… ¿Y a ti? Si Jesús no te dice nada, si no te hace milagros, si no te da nada sino sus labios partidos, ¿lo seguirás amando? ¿Podrás decirle al Jesús de los labios partidos: Que me bese con los besos de su boca (Ct 1, 1)?

(TOI33V)