“Evangelio

21 Noviembre, 2013 – Espiritualidad digital

No hagas llorar a Dios

lágrimas    Llorar es desmoronarse. Cuando uno, tras haber hecho cuanto puede, no logra lo que desea, se viene abajo deshecho en lágrimas. A veces, las lágrimas son el último cartucho, el postrer intento de conmover a los hombres por si pudiera conseguir la compasión lo que no ha logrado el esfuerzo. Pero las lágrimas de cocodrilo se componen de mentira en estado líquido. Las verdaderas lágrimas son la destilación de un fracaso.

    Cuando el hombre lucha contra Dios, ¿a quién le tocará llorar? Sin duda, cuando la batalla termine, será el hombre quien llore. Pero nadie hubiera imaginado que, durante el combate, sería Dios quien se desmoronara en un mar de lágrimas. Nuestro Dios no pierde batallas, pero tiene un extraño modo de ganarlas que pasa por su fracaso.

    Al acercarse Jesús a Jerusalén, le dijo llorando… Y es que primero intenta Dios vencer por la misericordia. Se despoja de sus armas, se desnuda, abre sus brazos y espera al hombre. Si el hombre no llega, Dios se viene abajo y llora. Llora por el hombre, porque, despreciada su misericordia, no podrá evitar enfrentarse a su justicia: te arrasarán con tus hijos dentro.

    Aún quedan confesonarios. No hagas llorar a Dios.

(TOI33J)