Libros de José-Fernando Rey Ballesteros

19 Noviembre, 2013 – Espiritualidad digital

La santa curiosidad

curiosidad    La curiosidad ha sido considerada siempre como un pecado, pero ese pecado requiere una explicación. El deseo de saber no es malo, porque todo hombre tiene un vacío que llenar, y quien se resigna a vivir vacío, sin mostrar interés por nada, está ya muerto aunque respire. El pecado, por tanto, no reside en el deseo de saber, sino en el hecho de llenarse de estupideces. El curioso toma todo lo que encuentra en el suelo, sin distinguir, y lo va metiendo dentro para intentar llenarse sin lograrlo. Quiere conocer los secretos de cualquier mindundi, quiere desvelar la intimidad de sus vecinos, lee todo lo que encuentra sin reparar en de dónde procede… Es un basurero.

    Existe una santa curiosidad, y es la de Zaqueo: trataba de distinguir quién era Jesús (…) y se subió a una higuera para verlo. Este publicano curioso intuyó que el tal Jesús podía llenar su vida, e hizo todo lo posible para que, al menos, le entrase por los ojos. Jesús premió su curiosidad, y entró en sus ojos, en su casa, y en su vida. Hoy ha sido la salvación de esta casa.

    ¿Lees el evangelio todos los días? ¡Eres muy poco curioso!

(TOI33M)