Libros de José-Fernando Rey Ballesteros

18 Noviembre, 2013 – Espiritualidad digital

La más cruel de todas las cegueras

ciego    Peor que no ver es haber visto. Porque quien nunca vio poco echa de menos, pero quien, habiendo visto, quedó ciego, sangra por el recuerdo. Por eso, cuando tiene a Dios propicio, grita: Señor, que vea otra vez.

    Existe algo peor que haber visto y quedar ciego, y es la ceguera del orgulloso. A poco de quedar ciego, incapaz de reconocerse enfermo, preferirá convencerse de que nunca vio; sólo imaginó que veía y se sugestionó. Se dirá a sí mismo que ahora está en la verdad, y que los que ven sufren de alucinaciones. Él es sabio, y los “videntes” unos pobres engañados.

    Si se acerca el Señor y le pregunta: ¿qué quieres que haga por ti?, responderá: «Nada, gracias. Estoy perfectamente». No sólo morirá ciego, sino que se sepultará en sus tinieblas.

    Hay personas así. Tuvieron la fe más preciosa, la de los niños. Vieron a Dios como sólo los niños lo ven, y quedaron ciegos en la adolescencia. Si alguien, en la edad adulta, les invita a volver a Él, responden: «Todo eso ya me lo dijeron los curas de niño. Pero era mentira. No quiero volver a ello».

    El orgullo es la más cruel de las cegueras.

(TOI33L)