Libros de José-Fernando Rey Ballesteros

13 Noviembre, 2013 – Espiritualidad digital

Sacerdotes, sin adjetivos

sacerdotes    Sacerdotes altos, sacerdotes bajitos, sacerdotes jóvenes, sacerdotes viejos, sacerdotes apacibles, sacerdotes fogosos… Que alguien traiga un lanzallamas y queme todos los adjetivos. El sacerdote es Cristo. Punto.

    Id a presentaros a los sacerdotes. Y Jesús no añade adjetivos. El único que nos cuadra a todos es el de «pecadores», y, precisamente por eso, sobra. Claro que, entre pecadores, hay personas que prefieren que el sacerdote tenga pecados «más de su gusto».

    Mira: cuando un sacerdote consagra, el pan se convierte en el Cuerpo de Cristo. Y no importa si el sacerdote es rubio, moreno, alto, bajito, gordo, delgado, mentiroso, egoísta, o ladrón. Es Cristo quien habla por sus labios, y es a Cristo a quien debes venerar en sus manos.

    En tiempos de san Francisco, gran parte de los sacerdotes seculares vivían con mujeres. Y Francisco, delante de todo el pueblo, les besaba las manos y los pies. Muchos sacerdotes lloraron ante tales besos.

    Igual que en la Sagrada Hostia ves el Cuerpo de Cristo, y no te andas fijando en si está bien recortada o no, ante el sacerdote reconoce a Jesús, y deja de fijarte en si sus pecados te gustan o no. Preséntate al sacerdote. Sin adjetivos.

(TOI32X)