Liber Gomorrhianus

9 Noviembre, 2013 – Espiritualidad digital

Hogar, dulce hogar

hogar    Cuando, en español, decimos «la casa de», no nos referimos a un inmueble propiedad de una persona, sino al lugar donde vive, descansa, ama y es amado. En español, «la casa de» significa «el hogar», palabra que viene de «foguera», porque era el fuego de la chimenea el que caldeaba los hogares. Uno sabía que llegaba a su casa porque sentía el fuego, toda una metáfora del calor humano que proporciona la familia.

    Dios tiene una casa, un hogar en la Tierra. Y esa casa es la Iglesia. Allí, el fuego del Espíritu lo llena todo con el calor del Amor divino. En esa casa vivimos como hijos, amamos y somos amados, y allí la Virgen, la Madre, que con su obediencia puso el Pan en la mesa familiar, sigue alimentándonos cada día, como mediadora, poniendo en manos de los sacerdotes el alimento diario.

    Cuando el hombre sale a trabajar por la mañana, desea volver de noche a su hogar para descansar el cuerpo y el corazón. Pero nosotros, los hijos de Dios, podemos y debemos permitirnos el lujo de ser muy “caseros”, y no salir de casa jamás. Fuera hace mucho frío, y aquí lo tenemos todo. ¡Bendita Iglesia!

(0911)