Liber Gomorrhianus

7 Noviembre, 2013 – Espiritualidad digital

No te escondas. No hace falta

buen pastor    Cuando Adán y Eva pecaron, se ocultaron de la vista del Señor Dios (Gén 3, 8). Y aunque la mirada de Dios lo abarca todo y nadie puede sustraerse a ella, al menos quisieron esquivar el trato con su Creador.

    Cuando el hombre peca, se esconde de Dios y se sepulta entre criaturas para evitar ser amado por Quien jamás dejó de amarlo. Y Dios, amante infatigable, se lanza en su busca y envía a su Hijo a un mundo maldito, para llevarle noticia de su misericordia.

    Si uno de vosotros tiene cien ovejas y se le pierde una… El pecador «se le ha perdido» a Dios. Muchas veces, como le sucedió a Adán, se oculta porque teme ser condenado, pero el Señor no quiere condenarlo, sino abrazarlo. ¿Cómo hará el buen Pastor, después de haber venido al mundo y haber sido vomitado por los hombres, para mostrar sus brazos abiertos a la oveja perdida?

    Como el Padre me envió, así os envío yo (Jn 20, 21). Tal es nuestra misión en el mundo: salir al encuentro del pecador. Y ojalá pueda decirse de nosotros lo que las gentes decían de Jesús: acoge a los pecadores y come con ellos.

(TOI31J)