Evangelio 2018

6 noviembre, 2013 – Espiritualidad digital

¡Qué esfuerzo tan inútil!

esfuerzo    El tibio mira la Cruz sin levantarse del sillón. Medio-reza, medio-cumple, medio-ama… Está dispuesto a hacer cuanto dice el Evangelio “hasta cierto punto”, y ese punto es el que le obligaría a levantarse del sillón. A eso no está dispuesto. Al final, sufre, porque mirando a la Cruz no se disfruta del sillón, y sentado en el sillón es imposible ver en la Cruz más que sufrimiento. Resultado: ni disfruta del sillón, ni disfruta de la Cruz.

    Hay uno que sufre más: el presuntuoso. Como el tibio, no está dispuesto a abandonar el sillón. Pero, como es presuntuoso, no soporta la humillación de ser un tibio y no renuncia al ideal de santidad. Piensa que puede con todo, y se lanza a emprender el camino de los santos con el sillón pegado a las posaderas. Ni quiere perder lo mejor de la tierra, ni quiere perder lo mejor del Cielo. Si es lo suficientemente fuerte, puede llegar, a base de puro esfuerzo, hasta la puerta estrecha. Lo triste será cuando compruebe que no puede cruzarla, y que ha perdido la vida después de tanto sudar.

    Quien no renuncie a todos sus bienes no puede ser discípulo mío… ¿No está claro?

(TOI31X)