“Evangelio

4 Noviembre, 2013 – Espiritualidad digital

Conciliábulos

conciliabulos    El cisma con que Lutero rasgó en dos la Iglesia se forjó, en buena medida, en un comedor. Bata leer las Charlas de sobremesa, donde quedaron plasmadas las conversaciones entre Lutero y sus comensales, para conocer los entresijos del sacrilegio que mutiló el Cuerpo de Cristo. Eran “comidas de hermanos”, en las que, por desgracia, faltaban el Padre -la comunión con el Papa- y la Madre -la Iglesia-. Esas sillas vacías las ocuparon los demonios.

    Cuando des una comida o una cena, no invites a tus amigos, ni a tus hermanos, ni a los vecinos ricos. Me dan pánico y me provocan inmensa tristeza los cristianos que se entretienen comiendo o cenando entre ellos por divertimento. Cuando los hermanos se convierten en amigos, fácilmente devienen en “amigotes”. Siempre hay una silla para el Demonio en esos banquetes. Y la suele aprovechar para hacerles perder el tiempo, y para formar “capillitas” y conciliábulos en una Iglesia que debe ser un solo cuerpo.

    Cuando des un banquete, invita a pobres, lisiados, cojos y ciegos. ¡Claro que hay que comer con los demás! ¡Y mucho! Pero con quienes lo necesitan, con aquéllos con quienes comía y bebía el Señor: con publicanos y pecadores.

(TOI31L)