Libros de José-Fernando Rey Ballesteros

Noviembre 2013 – Espiritualidad digital

No te lo pienses tanto

inmediatamente    «Inmediatamente» es un adverbio precioso cuando se trata de responder a Dios. Porque, cuando Dios llama, el mundo, el Demonio y la carne coinciden en el mismo consejo: «Piénsatelo». Y así, dando largas a Dios, les damos tiempo a ellos para seducirnos. Si quieres montar un negocio, planificar unas vacaciones, o cambiar de trabajo, piénsatelo. Pero si Dios te pide algo, dáselo ya mismo. ¿Qué vas a pensar tú que no haya pensado antes Él?

    Somos muy rápidos cuando se trata de pecar: nos enfadamos, y al momento corregimos sin esperar a que pase la ira. Sentimos hambre, y nos falta tiempo para abrir la nevera sin esperar la hora de comer. Nos enteramos de algo, y corremos a contarlo sin discernir si es prudente publicarlo. Pero, cuando llama Dios, nos volvemos prudentísimos.

    Aprende de los apóstoles: cuando Jesús llama a Simón y a Andrés, inmediatamente dejaron las redes y lo siguieron. Cuando llama a Santiago y a Juan, inmediatamente dejaron la barca y a su padre y lo siguieron. Aprende también de la Virgen, quien subió aprisa a la montaña (Lc 1, 39). Sé más prudente para pecar, y menos prudente para entregarte. Serás más feliz, y más santo.

(3011)

¡Despierta!

hora de espabilar    Durante esta semana, el Evangelio ha presentado ante nosotros situaciones de mucho sufrimiento: persecuciones, martirios, angustias, ansiedad de las gentes, espantos, y hombres que quedan sin aliento. Y hoy mismo, como colofón, dice el Señor: cuando veáis que suceden estas cosas, sabed que está cerca el reino de Dios. Pues bien: ya están sucediendo. Y no te estoy anunciando el fin del mundo para esta tarde. ¡Líbreme Dios! Lo que te estoy anunciando es mucho más importante.

    Ya es hora de espabilar. Los signos de muerte están siempre con nosotros. Mira tu cuerpo durante unos años y lo comprobarás; enciende el televisor a la hora de las noticias y lo comprobarás; habla con la gente y lo comprobarás. Y es que el fin del mundo va llegando poco a poco, como tu muerte. Por tanto, escucha y aprende: Está cerca el reino de Dios. El Señor está poniendo junto a ti, muy cerca, la puerta de escape. Está tan cerca, que la tienes en el alma. Vive en gracia de Dios, deja de mirar a todas partes, y reza antes de que sea tarde y la muerte se te haya llevado. Ten vida interior, por el Amor de Dios.

(TOI34V)

Tortícolis

torticolis    A menudo se identifica la segunda venida del Señor con el fin del mundo, pero esta equiparación no es del todo cierta. La venida de Cristo en gloria será repentina y sorprendente. El fin del mundo, sin embargo, comenzó con el primer pecado, y se sigue produciendo hoy. Vivimos en un mundo que se cae, en el que nada permanece.

    Todo depende de dónde tenga uno puesta la mirada. De nada sirve correr. Hacia delante o hacia atrás, hacia la derecha o la izquierda, no escaparemos de la muerte. El único camino de salida lo trazó la Cruz, divina escala que parte de la Tierra y alcanza los Cielos. Por eso el cristiano vive con la mirada en alto, fija en el cuerpo llagado de Cristo, hasta que amanezca su presencia gloriosa.

    Levantaos, alzad la cabeza, se acerca vuestra liberación. Llegado el momento de la venida del Señor, lo realmente preocupante será la tortícolis: la de aquéllos que nunca quisieron rezar, que vivieron con la vista y el corazón hincados en tierra, y que no sabrán elevar los ojos hacia lo alto. Para ellos, sólo habrá oscuridad. La cabeza tiene que estar alzada ya. Reza, por el Amor de Dios.

(TOI34J)

Los coleccionistas de aplausos

aplausos    Muchos se miden a sí mismos por la opinión que suscitan en los demás. Piensan que, si quienes los rodean están contentos con ellos, lo deben estar haciendo bien. Por el contrario, si los demás se quejan, se sienten fracasados. Incluso dentro de la Iglesia, hay quienes creen que la Esposa de Cristo cumple su misión cuando el mundo la ensalza. Ven en ello el mejor del los éxitos, mientras que, si el mundo la rechaza, pensarán que la Iglesia ha fracasado.

    Deberíamos mirar más al Crucifijo. Si Dios, siendo Dios, tiene en su contra a media Humanidad, ¿por qué pensamos que debemos nosotros tener contento a todo el mundo? ¿Por qué tomamos como éxito el halago de las criaturas, en lugar de verlo como indicio de que nos hemos separado del camino?

    Hasta vuestros padres, y parientes, y hermanos, y amigos os traicionarán. El éxito del cristiano, y por tanto el de la Iglesia, no está en los aplausos, sino en la Cruz. Un cristiano crucificado es otro Cristo. Y una Iglesia crucificada y denostada es la Esposa que vela junto a su Esposo. Que no nos llamó el Señor a agradar, sino a redimir. No es lo mismo.

(TOI34X)

Regnavit a ligno Deus

regnavit a ligno deus    Lo vimos en la Cruz, y no parecía rey. Ni tan siquiera parecía hombre, ultrajado y cubierto de ignominia. Leímos la inscripción que pendía sobre el madero: «Rey de los judíos»… Más parecía una burla al pueblo de Abraham. Le escuchamos entregar su Reino a otro condenado, ultrajado y agonizante como Él, y más parecía el último delirio de dos moribundos…

    Cuidado con que nadie os engañe. ¡Qué misterioso reinado! Han pasado dos mil años, y en este tiempo ha caído reyes y emperadores, se han desmoronado pueblos y han perecido miles de millones de seres humanos. Pero su Cruz sigue coronando los campanarios de todas las iglesias, sigue alzada en las cumbres de los montes, y millones de personas, como aquel primer ladrón, levantan cada día la vista hacia ella en busca de consuelo y salvación.

    Se alzará pueblo contra pueblo, habrá grandes terremotos, y en diversos países epidemias y hambre. Miles de veces ha temblado la tierra desde entonces, y nada ha conseguido derribar su Cruz. La hemos visto alzada por quienes en nombre de Cristo socorrían a las víctimas de terremotos y hambre, y portada con orgullo por quienes caminaban triunfantes al martirio.

    Regnavit a ligno Deus[1].

(TOI34M)



[1] «Desde el Leño reinó Dios», Del himno Vexilla Regis

El divino metomentodo

reinado de cristo    El reinado de Cristo alcanza donde no pueden alcanzar los poderes de este mundo. Es un reinado celoso y total, que quiere deslizarse hasta los más oscuros pliegues del pensamiento y del corazón humano. Cristo es un divino metomentodo. Y no se conforma con reinar en tus obras. Quiere que le sometas tus afectos, que rindas ante Él tu juicio, que te postres ante su Majestad de día y de noche… En definitiva, lo quiere todo. Por eso, la única ofrenda acorde a tal reinado es la ofrenda de la viuda: los demás han echado de lo que les sobra, pero ella, que pasa necesidad, ha echado todo lo que tenía para vivir.

    Él no quiere que la viuda muera de hambre, ni quiere empobrecerte a ti Aquél que te enriqueció. Si desea que se lo demos todo es para reinar sobre nosotros y llenarnos de su vida, de su luz, de su paz y de su Amor. Tal es el reinado de Cristo en las almas. Los santos no se pertenecen a sí mismos. Le pertenecen por entero a Cristo, y por eso son luminarias que nunca se apagan y los hombres más amados y felices de la Tierra.

(TOI34L)

Si Tú eres rey…

rey    Si Tú, Señor, eres rey… ¡Detén las guerras! ¡Haz que mi hija no muera! ¡Da de comer a quienes pasan hambre! ¡Sáname de mi depresión! ¡Arregla mi matrimonio! ¡Dame trabajo!

    Si tú eres el rey de los judíos, sálvate a ti mismo… ¿No eres tú el Mesías? Sálvate a ti y a nosotros.

     Desde hace dos mil años, todo el mundo está empeñado en decirle al Hijo de Dios cómo debe reinar sobre la tierra. Hemos dejado muy claro lo que haríamos nosotros si fuéramos reyes. Pero hemos olvidado que, si Jesús nos obedeciera y reinase según nuestros dictámenes, no sería rey. Nosotros seríamos reyes, y Él nuestro “omnipotente” funcionario. Y sé que a muchos les gustaría, pero…

    Me quedo con el «buen ladrón». Señor, si Tú eres rey… Acuérdate de mí. No te pido más. Vivo envuelto en necesidades y miserias, y quienes me rodean también están llenos de necesidades que me hacen sufrir a mí. Pero, si eres rey, de sobra conoces mis dolores, mis necesidades y las de aquéllos a quienes amo. Y sabes mucho mejor que yo lo que nos conviene. Por eso, toda mi súplica a tu majestad se resume en una sola palabra: Acuérdate.

(XTOREYC)

Un Cielo sin bodas

bodas    Quizá me esté mal el decirlo -tomádmelo a broma-, pero, para los sacerdotes, parte de la buena noticia del evangelio de hoy es el anuncio de que los que sean juzgados dignos de la vida no se casarán. A veces no lo pasamos del todo bien celebrando “según qué” bodas. No es fácil. En cierta ocasión, me encontré al pie del altar con una novia cuyo vestido estaba diseñado para lucir el tatuaje que llevaba en uno de sus pechos… ¿Qué hago? ¿Suspendo la boda? ¿Llamo a la prensa? Pensar que el en Cielo no tendré que verme en situaciones así, francamente, me consuela. Y eso que sólo he contado un ejemplo.

    Para los casados, con o sin tatuajes: recordad que el vínculo sacramental se disuelve con la muerte. Si deseáis seguir unidos en el Cielo, debéis hacer lo posible en la tierra por llenar de eternidad vuestro amor: rezad juntos, amaos en el Señor, vivid en gracia, orad el uno por el otro, ayudaos a ser santos… De este modo, el vínculo de amor humano que compartís en esta vida se transfigurará en el Cielo, y estaréis juntos, aún después de que la muerte os separe, toda la eternidad.

(TOI33S)

El Jesús de los labios partidos

Jesús de los labios partidos    ¡Para que te fíes de las “grandezas” humanas! Todo el pueblo estaba pendiente de sus labios, nos dice san Lucas. Y ese mismo pueblo pidió a grandes voces que lo crucificaran.

    Claro que, cuando clamaron pidiendo la muerte de Jesús, sus labios estaban partidos y Él ya guardaba silencio. Lo que les interesaba de Jesús eran sus labios y sus palabras. ¡Eran tan bonitas! Pero sin labios, y sin palabras, Jesús había dejado de interesar.

    También las manos de Jesús, que multiplicaban panes y curaban enfermos, había movido multitudes. Pero, cuando los mismos que habían comido los panes y habían sanado de sus males pidieron que lo crucificaran, esas manos estaban surcadas por los látigos. Ya no hacían milagros. Y, sin milagros, Jesús podía ser arrojado al estercolero del Gólgota.

   ¿A quién le interesaban los labios partidos y las manos sangrantes de Jesús? ¡Obviamente, a su Mamá! Y a Juan. Y a pocos más… ¿Y a ti? Si Jesús no te dice nada, si no te hace milagros, si no te da nada sino sus labios partidos, ¿lo seguirás amando? ¿Podrás decirle al Jesús de los labios partidos: Que me bese con los besos de su boca (Ct 1, 1)?

(TOI33V)

No hagas llorar a Dios

lágrimas    Llorar es desmoronarse. Cuando uno, tras haber hecho cuanto puede, no logra lo que desea, se viene abajo deshecho en lágrimas. A veces, las lágrimas son el último cartucho, el postrer intento de conmover a los hombres por si pudiera conseguir la compasión lo que no ha logrado el esfuerzo. Pero las lágrimas de cocodrilo se componen de mentira en estado líquido. Las verdaderas lágrimas son la destilación de un fracaso.

    Cuando el hombre lucha contra Dios, ¿a quién le tocará llorar? Sin duda, cuando la batalla termine, será el hombre quien llore. Pero nadie hubiera imaginado que, durante el combate, sería Dios quien se desmoronara en un mar de lágrimas. Nuestro Dios no pierde batallas, pero tiene un extraño modo de ganarlas que pasa por su fracaso.

    Al acercarse Jesús a Jerusalén, le dijo llorando… Y es que primero intenta Dios vencer por la misericordia. Se despoja de sus armas, se desnuda, abre sus brazos y espera al hombre. Si el hombre no llega, Dios se viene abajo y llora. Llora por el hombre, porque, despreciada su misericordia, no podrá evitar enfrentarse a su justicia: te arrasarán con tus hijos dentro.

    Aún quedan confesonarios. No hagas llorar a Dios.

(TOI33J)