Libros de José-Fernando Rey Ballesteros

25 Octubre, 2013 – Espiritualidad digital

Formas distintas de presentarse ante el juez

juez    La frase «presentarse ante el juez» tiene connotaciones terribles. El «ante» añade un aspecto profesional que impone. Uno que se presenta ante el juez es carne de condena, como uno que tiene que hacer algo «ante notario» es carne de ruina. Presentarse «al» juez es distinto. Para eso basta decir: «Hola, juez, soy Críspulo. Encantado de conocerlo».

    Hay formas distintas de presentarse ante el juez. Cuando el Señor dice no sea que te arrastre ante el juez, uno podría echarse a temblar. Porque si, además de tener que presentarte ante el juez, vas arrastrado por un guardia, tu futuro pinta negro zaino. Pero, después de tu comparecencia, mientras te llevan esposado, quizá veas que entra en la sala el hijo pequeño del juez. Ése va por su pie y silbando. Se acerca al juez, le planta dos besos, y le dice «¡Hola, papá!». Y el juez, en lugar de atizarle seis años y un día, le da un caramelo de menta.

    Un día todos nos presentaremos ante el Juez. Pero a algunos los llevarán a rastras, porque no querrán dejar esta vida, y otros irán silbando a ver a Papá. Dime si vale la pena vivir como hijo de Dios.

(TOI29V)

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