Evangelio 2018

12 octubre, 2013 – Espiritualidad digital

¡Bendita carne, tocada por Dios!

Virgen del Pilar    En el siglo XVI, el duque de Gandía se convirtió al contemplar el cadáver de la hermosísima emperatriz Isabel, a quien había servido. Ante la putrefacción de aquella efímera belleza, dijo: «No más servir a señor que se pueda morir». Se entregó de lleno, a partir de entonces, a servir a Dios, y llegó a ser san Francisco de Borja.

    Entendió el buen duque que la carne, con su aparente esplendor, es presa de la muerte y está destinada a la putrefacción. Cuanto más hermoso es un cuerpo humano, tanto más digno de lástima es, porque su hermosura está llamada a marchitarse. Sin embargo…

    ¡Dichoso el vientre que te llevó y los pechos que te criaron! Cuando la carne del hombre es tocada por Dios, cambia su suerte de tal forma que la que estaba llamada a morir resulta llamada a vivir eternamente. Las entrañas de María, sagrario del Verbo, fueron llevadas al Cielo por los ángeles. Nuestros cuerpos pecadores, que reciben la carne de Cristo en la comunión, no serán tocados por la muerte, sino por la Cruz. Y no morirán, sino que dormirán para despertar y reinar con Cristo y con su Madre. ¡Bendita carne, tocada por Dios!

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