Evangelio 2018

4 octubre, 2013 – Espiritualidad digital

¡Ay!

Bajarás al Infierno

Cafarnaúm

    Cuando Jesús grita ¡Ay de ti, Corozaín!, o le dice a Cafarnaúm Bajarás al Infierno, no lo imaginemos airado. Cometeríamos una injusticia con el Hijo de Dios si pensáramos que está lanzando maldiciones sobre el hombre, a quien tanto ama, para sepultarlo en el Abismo. Jesús no envía al hombre al Infierno, sino que desciende a la Tierra, y hasta los infiernos, para salvar al hombre.

    Cuando dice ¡Ay de ti! no maldice; llora. Llora porque el hombre no acoge la salvación que Él le trae, y con ello se pierde para siempre. Su ¡Ay! es el de quien sufre, no el quien maldice. Es el de las madres que lloran por sus hijos.

    Cuando le grita a Cafarnaúm Bajarás al Infierno, no está ordenando a la tierra que abra sus fauces y sepulte a una ciudad en el Abismo. Está gritando, por si Cafarnaúm escucha, con la angustia con que un padre grita al niño que cruza la calle sin mirar a los lados: «¡Hijo mío, que te matas!».

    Jesús no ha venido a condenar al hombre, sino a salvarlo. Pero si el hombre, rechaza la salvación que Jesús le trae… Entonces Jesús grita, llora, y muere de pena.

(TOI26V)