Liber Gomorrhianus

30 Septiembre, 2013 – Espiritualidad digital

Los niños juegan. Los mayores se preocupan

niños jugando    «¡Niño, no molestes, que estamos hablando los mayores!» Los niños tienen su momento. Llegas a casa, bromeas con ellos y consuelas sus dolorcillos. Pero, superado el simpático trámite, los mayores deben hablar, y se acuesta al niño. Si reclama atención, se le desplaza, porque ahora importan las cosas serias. No puede uno pasar el día jugando con niños, habiendo cosas importantes que resolver.

    El que acoge a este niño en mi nombre me acoge a mí. Hacemos el ridículo y sufrimos innecesariamente. Olvidamos que somos niños, y nos creemos nuestro juego: «Yo era papá, tú eras mamá, Rafa la abuelita». Y nos quebramos la cabeza con problemas que sólo en manos de Dios están. Tratamos al propio Dios como al niño inoportuno: «¡Ahora no puedo rezar, tengo trabajo! No todo va a ser rezar. A Dios rogando y con el mazo dando». Le acabaremos dando un mazazo a Dios para que se calle y nos deje atender las urgencias.

    Niño… Juega tranquilo. Juega con el niño Jesús, y déjale a su Padre y al tuyo los grandes negocios. Ni yo era papá, ni tú eras mamá. Somos todos chiquitines, y, gracias a Dios, papá y mamá son papá y mamá.

(TOI26L)