Liber Gomorrhianus

29 Septiembre, 2013 – Espiritualidad digital

La hora de la verdad

Se murió el mendigo, y los ángeles lo llevaron al seno de Abrahán    Este mundo es un gran teatro, y gran parte de lo que en él vemos es mentira. Temo más a la mentira que a la muerte. Porque la muerte, al fin y al cabo, es el momento de la verdad. Ella nos iguala a todos, porque a todos nos alcanza; se traga, implacable, las mentiras, y sólo deja pasar lo que lleva el sello de la verdad.

    Jesús narra de forma distinta la muerte del rico y la del mendigo: Se murió el mendigo, y los ángeles lo llevaron al seno de Abrahán. Se murió el rico, y lo enterraron. Los ángeles no recogen inmundicia. No son basureros. Recogen de la muerte lo inmortal, la huella de Dios grabada en las almas, y lo llevan a la eternidad. La inmundicia, mentira, disfraces, cosas, y cuanto está destinado a perecer es peso muerto que arrastra al hombre hacia el abismo. Por eso, muriendo la misma muerte, el mendigo, que nada tenía sino a Dios, fue llevado por los ángeles, mientras el rico, encadenado a multitud de cosas, fue enterrado por los hombres.

    Cuidado con las cosas. Son una cárcel pesada para vivir, y un lastre terrible a la hora de morir.

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