Libros de José-Fernando Rey Ballesteros

21 Septiembre, 2013 – Espiritualidad digital

Los monos saltan

Mateo    Me he preguntado muchas veces por qué, con personas como Mateo, a Jesús le bastó una sola palabra («Sígueme»), mientras, con los fariseos, habló hasta quedarse afónico sin conseguir nada. He recordado lo que le dijo Dios a Jeremías: Ya puedes hablarles, que no te escucharán (Jr 7, 27). A los sacerdotes, en nuestra pobre medida, nos sucede lo mismo: en ocasiones, personas que llevan decenios sin confesar se arrodillan en el confesonario, reconocen sus culpas, y después, con enorme alegría, hacen cuanto les sugiere el confesor. Otros, sin embargo, que nos escuchan diariamente, han encontrado la misteriosa fórmula para aplaudir lo que decimos y después hacer lo que les viene en gana. Por no hablar de quienes vienen a escucharnos para juzgar lo que digamos. Algunos lo hacen en su interior, y otros nos lo dicen a la cara. Prefiero a estos últimos.

    La respuesta al misterio, como siempre, está en la humildad. Mateo dice de sí mismo que se levantó; y eso significa que estaba postrado. Pero quien escucha a Jesús o a la Iglesia de pie, como el maestro que todo lo sabe… ¿Cómo va a levantarse? Lo más que puede hacer es saltar, como los monos.

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