Liber Gomorrhianus

19 Septiembre, 2013 – Espiritualidad digital

La castidad de la señorita Rottenmayer

rottenmayer    Dice san Pablo: Los pecados de algunas personas son notorios aun antes de que sean investigados; en cambio los de otras, lo son solamente después (1Tm 5, 24). Nosotros, como el fariseo, a menudo confundimos la gravedad de un pecado con su notoriedad. Las meretrices eran «pecadoras públicas». Y el que la lujuria es un pecado mortal está fuera de duda. Pero una meretriz no suele ser tenida por santa, mientras puede uno pasar por tal cometiendo pecados peores que permanecen ocultos.

    Santa Teresa comentó de ciertas monjas, tenidas por castas, que eran «castas como ángeles, y soberbias como demonios». A la castidad de la señorita Rottenmayer yo sólo la llamaría «continencia». Es algo triste, no la forma más elevada del amor. Y si tuviera que elegir entre la mujer pecadora que llora a los pies de Jesús y la institutriz de Heidi, sé con quién me quedaría a la hora de formar un beaterio.

    Si éste fuera profeta, sabría quién es esta mujer que lo está tocando, y lo que es: una pecadora. Y tú, Simón… ¿qué eres? ¿Y qué soy yo? Hay que mirarse por dentro si se quiere ver. Que por fuera somos todos bocadillo de gusanos.

(TOI24J)