Liber Gomorrhianus

16 Septiembre, 2013 – Espiritualidad digital

El Amor de Dios y el negocio del ladrillo

merece que se lo concedas    Se acercan muchas veces, a nuestras parroquias, personas con tan buena intención como poca formación, que, sumidos en el dolor, solicitan el funeral de un ser querido. Allí mismo, como el sacerdote se descuide le escriben la homilía: «diga que era muy bueno; que daba mucho dinero a los pobres; que trabajó de sol a sol para sus hijos»… Hay que escucharlos con respeto, pero hacerles caso sería convertir las puertas del Cielo en la taquilla de un cine, y celebrar un homenaje donde se tendría que elevar una plegaria.

    Merece que se lo concedas, porque nos ha construido una sinagoga. ¡Pobres necios! Si hubiera que “merecer” el favor de Dios construyendo sinagogas, ¿quién se salvaría? Tanto el difunto del párrafo anterior como este centurión –como tú y como yo- eran pecadores. ¿Hablaremos sólo de sus gestas, y callaremos sus pecados? No ante Dios. El mismo centurión, más dotado de sentido común que sus intercesores, reconoció: No soy digno.

    Prefiero el modo en que Marta y María rogaron por Lázaro: Aquél a quien amas está enfermo (Jn 11, 3). Creo firmemente en esta oración. Porque no nos salvaremos por haber sido buenos, sino porque Dios es bueno y nos ama.

(TOI24L)