Liber Gomorrhianus

9 Septiembre, 2013 – Espiritualidad digital

Los del «¡Convénzame, Padre!»

obediencia    Es una lástima lo desprestigiada que está la obediencia, incluso –por desgracia–dentro de la misma Iglesia. Somos “tan racionales”, “tan maduros”, que el acto de obedecer sólo se entiende si es fruto de un previo razonamiento y una convicción concienzuda. En lugar del ofrecer el sacrificio de la voluntad propia, se le pide a quien manda el sacrificio –a veces ímprobo– de convencer a quien obedece. Si yo, como director espiritual, le pido a alguien que haga algo que no quiere hacer, en el mejor de los casos me dirá, y en el peor de los casos se dirá: «No lo veo. Convénzame, Padre». Y no lo hará.

    Extiende el brazo. Se lo dice Jesús a un hombre cuyo brazo está paralizado. Menos mal que no era como nosotros. Porque, en ese caso, habría dicho: «Este hombre está loco. ¿No ve que no puedo mover el brazo? ¿Cómo me pide que lo extienda?», y nunca hubiese sanado. Afortunadamente, se fió de Jesús, y la obediencia obró el milagro. Aprende de él: obedece al confesor, aunque no entiendas lo que te pide, si no va contra la Ley de Dios. Tras ofrecer el sacrificio de tu voluntad, sanarás. Después, entenderás.

(TOI23L)