Liber Gomorrhianus

2 Septiembre, 2013 – Espiritualidad digital

No eres el anunciante, sino el anuncio

anuncio    Decimos que el cristiano debe anunciar el Evangelio, y, no es que sea mentira, pero la frase requiere algún matiz. Porque uno que anuncia algo puede después hacer otra cosa, y el anuncio no se le lleva la vida. Incluso puede anunciar varias cosas, porque el tiempo da para todo. Sin embargo, el cristiano, más que “anunciar el Evangelio”, debe ser él mismo, con su vida, un anuncio de Dios, y el más mínimo segundo de existencia que no anuncie su Amor es un robo de espacio publicitario.

    Me ha enviado para anunciar el Evangelio a los pobres, para anunciar a los cautivos la libertad y a los ciegos la vista (…); para anunciar el año de gracia del Señor. Uno puede hablar más o menos de Dios. Tampoco es necesario saludar a todo el mundo con «Ave María Purísima», aunque, llegado el momento, callar el nombre de Dios es cobardía. Pero toda la vida del cristiano –su alegría, su generosidad, su humildad, su misericordia, y hasta su paz en el descanso- debe ser el anuncio vivo del Amor de Cristo derramado sobre los hombres. Anda, examínate, y borra tu nombre de tu vida para que sólo luzca el suyo.

(TOI22L)