Liber Gomorrhianus

31 Agosto, 2013 – Espiritualidad digital

Manual del buen negociador

talentos    A uno dejó cinco talentos de plata, a otro dos, a otro uno: la fe, la gracia de Dios, la Eucaristía, una enfermedad, una humillación, un fracaso, la vocación… Son talentos valiosísimos que, en gran medida, el mundo no es capaz de valorar. ¿Cómo negociar con ellos?.

    Fue enseguida a negociar con ellos y ganó otros cinco. Un síntoma del buen negociador es la prisa. Según san Pablo, el amor de Cristo nos urge (2Co 5, 14). Tras recibir el anuncio del ángel, María fue aprisa a la montaña (Lc 1, 39). Cuando se ama al Señor, los deseos de prender ese amor en otros corazones son apremiantes, no admiten excusa ni demora. El negociador se esconde en la Cruz para que sólo Cristo brille en su vida, y allí se ofrece por todas las almas. Y las manos llagadas del Señor, esas mismas manos que multiplicaron panes y peces, multiplican la cosecha. Va muriendo el negociador con Cristo, y van resucitando, uno por uno, los muertos por el pecado. Y los talentos que él tenía se multiplican por diez, por cien, por mil… De modo que la muerte actúa en nosotros, más en vosotros la vida (2Co 4, 12).

(TOI21S)