Liber Gomorrhianus

23 agosto, 2013 – Espiritualidad digital

La Ley entera y los profetas

Ley de Dios    No ha existido nunca, ni existirá jamás, una ley humana semejante a la Ley de Dios. Por más que, en determinadas épocas, se hayan querido basar las leyes de los hombres en el Decálogo, ninguna nación podrá tener una ley que obligue a amar. Podrán prohibir la blasfemia, el robo, el asesinato o el adulterio; pero un código humano no tiene la llave que abra los corazones. La Ley de Dios sí: Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con todo tu ser… Amarás a tu prójimo como a ti mismo.

    Por ese motivo, la faltas más graves son las faltas de amor. Y la mayor pobreza no es la de quien no es amado, sino la de quien no ama, porque el egoísmo le ha secado el corazón. Cada uno debemos examinarnos con cuidado, porque no es fácil. Se puede rezar sin amor, se pueden hacer obras de caridad sin amor, se puede pasar el día entre cirios y albas sin amor… Y se puede estar inmovilizado, en una silla de ruedas, o en una cruz, sin poder hacer nada, y ofrecer la vida a Dios por amor a Él y al prójimo.

(TOI20V)