Evangelio 2018

18 agosto, 2013 – Espiritualidad digital

Jesús, ese pirómano

fuego    Jesús llevaba fuego en el pecho. Eso era el Amor de Dios para Él. Ese mismo fuego aparecerá sobre las cabezas del los apóstoles en Pentecostés. Pero, antes, todo el fuego estaba encerrado en la Humanidad santísima de Cristo como en un farol. Y era necesario que se produjese una deflagración que consumiera la carne que lo encerraba para que, liberadas las llamas, incendiasen la tierra. He venido a prender fuego en el mundo, ¡y ojalá estuviera ya ardiendo!

    Sucedió en la Cruz. La Humanidad santísima de Cristo fue ofrecida como holocausto humeante de amor ante la presencia de su Padre. Jesús entregó el Espíritu (Jn 19, 30). Y el Fuego, que convirtió a los apóstoles en antorchas humanas, prendió por toda la Tierra. Es el mismo fuego que arde en nuestros altares, y que debe abrasar el corazón de nuestros sacerdotes. Ahora hace falta que tú no tengas miedo de acercarte; no se trata de ver fuegos artificiales, sino de arder tú mismo. Tus secretos temores son ciertos: si te acercas demasiado a Dios, te quemarás. Pero si, por cobarde, no te quemas, nunca sabrás lo que es el Amor, ni la dicha, ni la santidad. Hace calor, ¿verdad?

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