Liber Gomorrhianus

7 Agosto, 2013 – Espiritualidad digital

Si quieres una fe grande…

perro comiendo    La fe brilla cuando la luz se apaga. Para alabar a Dios cuando sientes consuelo en la oración no necesitas mucha fe. Pero para alabarlo en momentos de sequedad, cuando parece que no hubiera Cielo, hace falta fe.

    Una  mujer cananea se puso a gritarle… Y Jesús le apagó la luz. La ignoró, se negó a mirarla, la hizo caminar suplicando tras Él, y cuando se dignó atenderla, la llamó «perro»: No está bien echar a los perros el pan de los hijos. ¿Qué haces cuando nada de cuanto ves u oyes invita a creer en un Dios bueno a quien le importas? Muchos, entonces, deciden crecerse y hacerse dioses de sí mismos, como becerros de oro: Anda, haznos un dios que vaya delante de nosotros, ya que no sabemos qué ha sido de Moisés (Éx 32, 1).

    Tienes razón, Señor; pero también los perros se comen las migajas que caen de la mesa de los amos. Esta mujer, en lugar de crecerse, pensó que no se había abajado lo suficiente como para hablar con Dios. Por eso, se humilló. Le dijo Jesús: ¡Mujer, qué grande es tu fe!. Anda, aprende: si quieres una fe más grande, hazte más pequeño.

(TOI18X)