Liber Gomorrhianus

5 agosto, 2013 – Espiritualidad digital

Bondad inagotable y derramada

doce cestos llenos de sobras    Ayer pedíamos, en la oración Colecta de la Misa: «Derrama tu bondad inagotable sobre los que te suplican»… Hoy lo vemos. Cuando Dios es bueno –y siempre lo es- abruma, inunda, y desborda los sueños del hombre: Comieron todos hasta quedar satisfechos y recogieron doce cestos llenos de sobras. Dios no es cicatero, como nosotros; cuando se entrega, no tiene mesura. Una gota de sangre de su Hijo hubiera bastado para redimir a la Humanidad, pero Él quiso derramarla toda, y aún después de muerto ser perforado para vaciarse. Así es Dios.

    Pienso en la Eucaristía, anunciada en aquellos panes. Una sola comunión bastaría para llevarnos al Cielo, si la recibiéramos reverentemente. Pero Dios nos permite comulgar a diario, hasta quedar satisfechos. ¿Por qué no lo estamos? Porque nosotros no ponemos todo, no abrimos de par en par el alma en cada comunión. Nos falta hambre. ¡Estamos tan saciados de cosas!

    No han sido doce cestos llenos de sobras. Son millones de sagrarios los que pueblan la tierra. Todos tenemos alguno cerca. ¡Y están tan solos! Desde luego, si un hombre se empeña en no ser feliz, que no le eche la culpa a Dios. ¿Qué más puede hacer Él?

(TOI18L)