“Evangelio

22 Julio, 2013 – Espiritualidad digital

Quien quiera saber de amor…

Maria Magdalena    Amo y venero a María Magdalena porque en ella el amor no conoce límites. Un amor así sólo merecía ser entregado a Dios hecho hombre. Lo cree muerto, y aún lo ama con mayor pasión. Dime dónde lo has puesto y yo lo recogeré. He ahí a la oveja amante, dispuesta a tomar al Pastor sobre sus hombros. Y, viéndolo vivo, por amor lo deja escapar: Suéltame. Lo suelta de entre sus dedos y lo lleva huésped del alma para siempre.

    No sé dónde lo han puesto… Dime dónde lo has puesto… Ella es la gran buscadora de los sagrarios. Sabe muy bien, porque es muy mujer, que no hay amor en el hombre que no busque el cuerpo del amado. Y ella lo busca y lo adora, se arroja a sus pies, y es modelo de todas las almas eucarísticas.

    Sabemos que el Amor divino es fuente y modelo del amor humano. Pero existen lances de Amor divino que ni tienen ni pueden tener parangón entre criaturas. El que tuvo lugar entre María Magdalena y el Verbo encarnado es uno de ellos; siendo terreno, es enteramente celeste. Lo saben muchas almas a quienes se les ha concedido amar así.

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