“Evangelio

21 Julio, 2013 – Espiritualidad digital

Marta, Marta…

Marta, Marta    Me he preguntado qué habría sucedido si Marta no hubiese estado en casa, o si hubiese hecho lo mismo que su hermana. Es posible que no hubiesen comido, o que hubieran acabado comiendo a las seis, y de bocadillos. Pero ¿qué importa? Con cualquier otro huésped, habría que haberse ausentado de la plática, dejando al resto de invitados con él, e ir a darle la vuelta al pollo. Pero si es Dios quien habla… ¿Cómo no escuchar?

    Marta se multiplicaba para dar abasto con el servicio. Cuando no escuchas a Dios, acabas siendo tú mismo Dios, y es agotador. Porque multiplicarse es propio de Dios, que es omnipresente, y el abasto también es cosa suya. Cuando un ser humano se multiplica e intenta dar abasto, padece estrés. Pero, como se cree dios, acaba en el disparate de dar órdenes al mismo Dios: ¡Dile que me eche una mano! Jesús le habla con cariño, porque la comprende: Marta, Marta… Yo también la comprendo, y siento gran simpatía por ella. Tuvo que aprender lo que aún debemos aprender tú y yo: que una sola cosa es necesaria, y esa cosa es Dios. Lo demás sobra. Incluso tú y yo, si me apuras…

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