Libros de José-Fernando Rey Ballesteros

20 Julio, 2013 – Espiritualidad digital

Vida obediente y caballos sin frenos

obediencia    Nada peor que un caballo sin freno. Quizá, al montarlo, te fascine su brío y te seduzca su nervio. Pero, cuando te das cuenta de que has perdido el control de tu vida y se lo has entregado a un equino, te será difícil bajarte de él. Hay personas así: celosas, generosas, entregadas, incasables… Pero sin freno. No obedecen más que a sus ímpetus. Y aunque los ímpetus sean buenos, si no están sometidos, son trompetas y violines haciendo ruido. Sin obediencia, el edificio espiritual se desmorona, y habrá suerte si no sepulta a alguien bajo los escombros.

     Los fariseos planearon el modo de acabar con Jesús. Pero Jesús… se marchó de allí… mandándoles que no lo descubrieran. Cuando Jesús huye, y procura no ser descubierto, no actúa por cobardía. Él había asumido su muerte desde el principio, e incluso confesó estar angustiado hasta que llegase (Cf. Lc 12, 50). Pero sus ímpetus obedecían a su Padre, quien tiraba del freno o picaba espuelas según sus planes. Si el Padre quería prolongar todavía la vida pública del Hijo, el Hijo obedecía. Murió, exactamente, cuando Dios quiso. Toda su vida y toda su muerte fueron obediencia. De este modo nos salvó.

(TOI15S)