Evangelio 2018

12 julio, 2013 – Espiritualidad digital

La santa (y sabia) desconfianza

desconfianza    Por alguna razón que desconozco, se piensa hoy que ser buena persona supone fiarse de la gente. Y, por alguna razón que conozco, pienso yo que fiarse de la gente no es ser bueno sino tonto.

    Le dice el adolescente a su madre: «¡Es que no te fías de mí, no me quieres!». Y mamá, si fuera lista, debería responder: «Hijo, te quiero con toda mi alma, pero no me fío de ti ni pizca. Así que tú a las doce en casita, porque si pasas de las doce vuelves con una cogorza del siete».

    No os fiéis de la gente. ¿No te has dado cuenta de que aquí ninguno somos de fiar? Si lo supieras, te ahorrarías muchas decepciones. Al prójimo hay que quererlo muchísimo, hasta dar la vida. Pero en ningún sitio está escrito que haya que fiarse de él. Sed sagaces como serpientes.

     Es curioso: los mismos que te dicen que tienes que fiarte de la gente se burlarán de ti cuando te fíes de Dios. Si les comentas que estás rezando por algo, te dirán: «¡Bueno, a Dios rogando y con el mazo dando!». Dan ganas de dar de verdad con el mazo… en sus cabezotas.

(TOI14V)