“Evangelio

Julio 2013 – Espiritualidad digital

Escóndelo para que se entere todo el mundo

tesoro escondido    Siempre me llamó la atención, en esta parábola, el hecho de que la persona que encuentra el tesoro escondido en el campo lo vuelve a esconder. A primera vista, parece contrario al mandato apostólico de anunciar el evangelio a los cuatro vientos. Sin embargo, Jesús nunca daba puntada sin hilo, y el hilo de esta puntada es de oro.

    El anuncio que no nace de un secreto es ruido. ¿Apostolado sin oración? Marketing, nada más. Y, generalmente, del malo.

    Primero es lo secreto, lo escondido: las horas vivas (nunca muertas) de oración ante el sagrario, el diálogo íntimo con Jesús mientras vas por la calle, o mientras eliges los artículos en un estante del supermercado, ese “Tú y yo” que va llenando el alma de gozo y paz. Hasta que lleno de alegría, de una alegría que brota de dentro, empiezas a soltar lastre porque todo te sobra lo que no sea Él. Ahora ya lo ven tus amigos, contemplan la luz que hay en tu vida, y tú lo gritas a los cuatro vientos porque no puedes callar. Y muchos encontrarán el tesoro gracias a ti, y después quizá te olviden… Pero no te va a importar en absoluto.

(TOI17X)

La Biblia y los westerns

westerns    Además de leer el Evangelio, es posible que para ser buen cristiano haya que ver unos cuantos westerns. Es una situación muy repetida, en esas películas, la del villano capturado que debe permanecer varias semanas en la cárcel hasta que el juez llegue desde otra ciudad con su lenta calesa tirada por una mula. Pero como los vecinos arden en sed de venganza, no son capaces de esperar al juez y van linchando al villano para que el magistrado juzgue a un fiambre. Luego hay que matar también al juez, claro, para que el pueblo entero no acabe entre barrotes.

    Así será al fin del tiempo: el Hijo del hombre enviará a sus ángeles, y arrancarán de su reino a todos los corruptores y malvados y los arrojarán al horno encendido. Si sabemos que el Juez está de camino, ¿por qué nos apresuramos a juzgar a todo el que mueve, y a condenar al que se mueve en dirección contraria a la nuestra? Más bien deberíamos tener paciencia, y vivir de tal manera que, cuando el Juez llegue, no nos encuentre culpables también a nosotros. Por que a este Juez ya lo han matado, y está visto que no funciona.

(TOI17M)

Santa Marta, Lázaro, Jesús y el tren

santa marta

    Marta había enviado a llamar a Jesús mientras su hermano moría, pero Jesús llegó cuatro días después de su muerte. ¡Cómo lo había echado de menos! Si hubieras estado aquí, no habría muerto mi hermano. Es como nosotros; también echamos de menos a Jesús mientras la muerte extiende su manto. Muchos hay que dicen: «Si Jesús hubiese estado en Santiago, no habrían muerto 79 personas en un tren».

    Pero Jesús estaba en Betania mientras Lázaro moría, y en Santiago mientras descarrilaba el tren. No como nosotros hubiésemos deseado, dejándose ver y deteniendo la muerte, sino crucificado, compartiendo la muerte y el dolor de cada hombre. Estaba en las fiebres de Lázaro y en las heridas de quienes quedaron aplastados en los vagones, haciendo con su cuerpo cauce que conduce a la Vida las aguas de la muerte. Yo soy la resurrección y la vida: el que cree en mí, aunque haya muerto, vivirá. No era Él, Marta, quien no estaba donde tú, sino tú quien no estabas donde Él. Porque a menudo nos quedamos petrificados en la muerte, mientras Él ya ha cruzado hacia la vida. La pregunta que yo me hago es: ¿Cuántos se asieron a esa mano llagada?

(2907)

Despertando al vecindario

oración de petición    Me contaron cómo los hogares sencillos de la Galilea de Jesús no eran sino cuevas con puerta y algún apéndice a modo de armario. Luego fui a Tierra Santa y lo comprobé. Padres e hijos dormían en la misma –la única- estancia. Una vez acostados, si alguien llamaba a la puerta, para que el padre pudiese abrir tenía que hacer levantar a los niños o pisarlos. Esto explica la respuesta del hombre de la parábola a quien vienen a pedirle panes a medianoche: La puerta está cerrada; mis niños y yo estamos acostados; no puedo levantarme para dártelos.

    Pero si el otro insiste llamando… Lógicamente, en ese caso se despiertan los niños, la mujer, la suegra y, como siga, se despierta el vecindario. Entonces el dueño le tira los panes a la cabeza si es preciso, con tal de que se calle.

    A veces le pedimos a Dios piedras. En ese caso, sería mejor pedir en voz bajita y no insistir demasiado. Pero, cuando pedimos panes, no debemos tener miedo de despertar a toda la corte celestial: a los ángeles, a los santos, y a la Santísima Virgen María. Pide así, y Dios se levantará y te dará cuanto necesites.

(TOC17)

Paciencia: aún no estamos en el Cielo

paciencia    Vino Dios a la Tierra, y terminó sus días colgado de una cruz, tras haber sufrido, con admirable paciencia, burlas, insultos, latigazos, escupitajos, bofetadas y una corona de espinas. Sin embargo, nosotros quisiéramos fundar el Cielo en la Tierra, y nos enfurecemos cuando no lo logramos. Pecamos, y nos duele más no ser perfectos que haber ofendido al Señor. Le decimos al niño «estate quieto», y queremos que se calme al instante. Observamos defectos en los demás, y los juzgamos, condenamos y castigamos. Arrancamos el coche, y la más pequeña avería nos solivianta. Lo llevamos a reparar, y como no lo tengan en perfectas condiciones el mismo día arremetemos contra el mecánico, el taller y el país entero… ¿A qué estamos jugando?

    Dejadlos crecer juntos hasta la siega… Anda, acostúmbrate a vivir en la Tierra. Aún no estamos en el Cielo, y, como sigas así, no sé si vas a llegar. Aquí la cizaña crece junto con el trigo, y todo está sazonado de imperfección y de enfermedad. Tú también, mal que te pese. Pero, ya que quieres fundar el Cielo en la Tierra, podrías empezar por vivir aquí como vivió Aquél que bajó del Cielo. Es decir, con paciencia.

(TOI16S)

¡Dichosos los ojos!

Joaquín y Ana    ¿Cuál fue la primera jaculatoria jamás pronunciada por labios humanos a la Virgen María? No la conozco exactamente, pero sé que fue parecida a ésta, y pronunciada en arameo: «¡Qué monada de niña! ¡Es un cielo! ¡Está para comérsela! ¡Mírala, Joaquín!». La dijo Ana, la madre de la Purísima. Después vino Joaquín, luego José… Y luego Juan, Lucas, Simón… Hasta nosotros. Les debemos mucho a nuestros abuelitos Joaquín y Ana.

    De su casto amor se sirvió Dios para que fuese concebida sin pecado la criatura más excelsa salida de sus manos. Y de su piedad se sirvió Dios para que la Madre del Señor aprendiese a rezar.

    Muchos profetas y justos desearon ver lo que veis vosotros, y no vieron, y oír lo que oís, y no lo oyeron. ¡Quién hubiera visto, como vieron Joaquín y Ana, los primeros pasos de la pequeña María! ¡Quién hubiera escuchado las primeras oraciones de la Inmaculada! ¡Quién la hubiera recogido en casa y visto su carita de niña después de que, con tres años, en el Templo se consagrase a Dios! Supongo que para eso nos ha regalado Dios la imaginación: para que compartamos con ellos esas escenas. Es nuestra oración de hoy.

(2607)

Asientos reservados

Santiago y Juan    Cuando Santiago y Juan –contando con la protección de “mamá”, para que tú y yo aprendamos a acudir a la Virgen- le pidieron a Jesús ocupar un puesto a su derecha y otro a su izquierda en su Reino, lo que querían era ser vicepresidente primero y segundo del gobierno mundial. No sabéis lo que pedís, les dijo Jesús. El Reino que Él venía a inaugurar se parecía muy poco a los gobiernos de este mundo. Y añadió: El puesto a mi derecha o a mi izquierda … es para aquéllos para quienes lo tiene reservado mi Padre.

    ¿Te has preguntado alguna vez quiénes eran los llamados a ocupar esos puestos? Yo te lo digo, y tú haz como que te sorprendes: Con él crucificaron a dos malhechores, uno a su derecha y otro a su izquierda (Mc 15, 27). He ahí el trono; he ahí a los elegidos. Realmente, Santiago y Juan no sabían lo que pedían. Después lo supieron, y Santiago fue el primero de los apóstoles en beber aquella copa y sentarse en aquel trono. Y tú, y yo, si queremos reinar con Cristo… Ahí tienes la corona, la de espinas. Nadie te la va a disputar.

(2507)

Los pájaros

distracciones en misa    Hay pájaros por todas partes; y, en verano, también mosquitos. El niño que grita, el teléfono móvil que suena, la puerta de la iglesia que se abre a mitad de misa, el brazo que te pica, el señor de delante que se suena, el otro que habla con la mujer durante el evangelio… Me dirás que es imposible evitar las distracciones en misa.

    Un poco cayó al borde del camino; vinieron los pájaros y se lo comieron. Yo te diré que la culpa no es de los pájaros. La culpa es tuya, por estar al borde del camino. Tendrías que haber pasado dentro, al campo, donde la semilla cae en el surco y penetra la tierra. Pero el que está al borde del camino ya sabemos a lo que está: a mirar quién pasa o a hacer auto-stop.

    Procura llegar a la iglesia unos minutos antes de que la misa comience. Aprovecha esos minutos para recogerte, para entrar en tu alma, en tu campo. Y mucho mejor si vienes ya recogido desde casa, haciendo comuniones espirituales. Luego, cuando la misa empiece, escúchala desde allí, atendiendo al Dios que está detrás de lo que ves. Te distraerás menos, te lo aseguro.

(TOI16X)

Rezándole al ídolo metálico

ídolo    Te copio la frase de uno de los creadores de Whatsapp, reproducida en un artículo de El País: «Al levantarte lo primero que haces es ver el móvil. Al acostarse lo último es eso, mirar el teléfono».

    Ahora te copio la frase dicha del Señor en el evangelio de hoy: sin mí no podéis hacer nada. Quiere decir dos cosas: si Dios no nos sostiene constantemente con su Amor, dejaríamos de existir. Muchos no lo saben, y creen vivir sin Dios cuando cabalgan montados sobre Él. Pero quienes lo saben descubren el segundo significado: nada de lo que hacemos tiene sentido, y todo se pierde, si no está hecho por Cristo y para Cristo. Por eso, lo primero que hacen al comenzar el día es besar el crucifijo y postrarse para orar. Y lo último que hacen es consagrar su sueño a Dios y a la Virgen para convertirlo en oración. Toda su vida es eternidad.

    Da mucha pena que haya personas que comiencen el día con el móvil y lo terminen con el móvil: se han vuelto esclavos de un ídolo metálico sin el cual no saben vivir. Eso deja convertida la dignidad humana en algo parecido al plasma.

(2307)

Quien quiera saber de amor…

Maria Magdalena    Amo y venero a María Magdalena porque en ella el amor no conoce límites. Un amor así sólo merecía ser entregado a Dios hecho hombre. Lo cree muerto, y aún lo ama con mayor pasión. Dime dónde lo has puesto y yo lo recogeré. He ahí a la oveja amante, dispuesta a tomar al Pastor sobre sus hombros. Y, viéndolo vivo, por amor lo deja escapar: Suéltame. Lo suelta de entre sus dedos y lo lleva huésped del alma para siempre.

    No sé dónde lo han puesto… Dime dónde lo has puesto… Ella es la gran buscadora de los sagrarios. Sabe muy bien, porque es muy mujer, que no hay amor en el hombre que no busque el cuerpo del amado. Y ella lo busca y lo adora, se arroja a sus pies, y es modelo de todas las almas eucarísticas.

    Sabemos que el Amor divino es fuente y modelo del amor humano. Pero existen lances de Amor divino que ni tienen ni pueden tener parangón entre criaturas. El que tuvo lugar entre María Magdalena y el Verbo encarnado es uno de ellos; siendo terreno, es enteramente celeste. Lo saben muchas almas a quienes se les ha concedido amar así.

(2207)