Liber Gomorrhianus

29 junio, 2013 – Espiritualidad digital

No necesitamos genios; necesitamos santos

Pedro y Pablo    Cuando Steve Jobs murió, Apple estaba extendida por todo el mundo. Casi dos años después, la empresa sigue adelante, gracias al impulso organizador y creativo de una gran cabeza. Y es que, en este mundo, para levantar emporios que perduren son necesarias grandes cabezas (no así para destruirlos, por cierto; para eso basta un tonto con poco más de una cerilla).

    Viniendo ahora al misterio de la Iglesia, podemos decir de sus dos primeras columnas, Pedro y Pablo, que fueron grandes corazones, enamorados de Cristo; así se fabrican los santos. Pero no fueron, precisamente cabezas organizadoras ni creativas. Ni su poder ni sus posibilidades se lo permitían. En los primeros cien años de historia de la Iglesia apenas hubo un solo Concilio. La organización era mínima. Pedro predicó a los judíos, y Pablo a los gentiles. Ambos murieron mártires, es decir, aparentemente derrotados. ¿Quién fue, entonces, la gran cabeza que levantó el edificio bimilenario de la Iglesia?

    Cristo, la Cabeza, a quien Pedro y Pablo simplemente obedecieron. Y es que en el mundo harán falta grandes cabezas. Pero en la Iglesia tenemos ya esa Cabeza. Lo que la Iglesia necesita son grandes santos, obedientes y fieles, como Pedro y Pablo.

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