Liber Gomorrhianus

28 Junio, 2013 – Espiritualidad digital

Gente a quien imitar

leproso    Confieso que a veces me deprimo cuando pretendo imitar a los santos. Siento verdadera veneración por todos, y especial devoción por muchos. Pero, por muy humanos que me los presenten, cada vez que intento imitarlos acabo deprimido. Ni siquiera tengo que recurrir al santoral. Cerca de mí ha puesto Dios, en su infinita misericordia, personas maravillosas, llenas de su Amor y de su gracia. ¡Cuánto le agradezco que haya puesto a mi lado almas así! Los quiero muchísimo, y sé que me quieren a mí. Pero –una vez más- cuando intento imitarlos me deprimo.

    Hace años descubrí una salida estupenda a mis “depresiones”. Conocí, en el Evangelio, a personas que se ganaban el corazón de Jesús por el camino más sencillo: darle pena. Y en ellos encontré, al fin, alguien a quien imitar. Puedo darle pena a Jesús. Puedo repetir sinceramente las palabras del leproso: Señor, si quieres, puedes limpiarme. Ya sé que no está canonizado, ni tampoco el paralítico, ni el ciego… Pero el corazón de Jesús abrió ante ellos sus puertas y extendió la alfombra. Si eso no tiene que ver con la santidad, me debo haber perdido algo, pero, desde luego, me apunto a lo del leproso.

(TOI12V)