Liber Gomorrhianus

18 Junio, 2013 – Espiritualidad digital

Enemigo a las puertas

enemigo    Si alguien me dice que no tiene enemigos, por principio no le creo. Quienes tenemos pecado original tenemos enemigos. Me dice un padre de cinco hijos: «por fin conseguí quedarme solo en casa y abrí un libro. Cuando, a los quince minutos, escuché los pasos de mi mujer y mis hijos por la escalera, me rebelé por dentro. ¿Es que no podrían tardar un poco más en volver?». De repente, los seres más queridos se habían convertido en “el enemigo”, en los ladrones que se acercaban para robarle la vida. Mientras escuchaba a este buen hombre, ¡cómo le comprendía!

    Amad a vuestros enemigos. En casos así, amar es más que sentir cariño. Desde luego que este padre sentía un inmenso amor por su familia, pero, ahora que los veía como enemigos, amarlos era levantarse, acercarse a la puerta, abrir con una sonrisa y recibirlos con los brazos abiertos. Es decir, dejarse robar la vida. Conste que hablo de un caso fácil. Otras veces sentimos odio hacia quienes nos hacen daño. En esos casos, para amar al enemigo sólo existe un camino: refugiarse en el Sagrado Corazón de Jesús, donde encontraremos el Amor que a nosotros nos falta hacia esas personas.

(TOI11M)