“Evangelio

16 Junio, 2013 – Espiritualidad digital

Basado en hechos reales

confesión frecuente    Viene Ticio al confesonario porque quiere comulgar en la boda de su hija. «Padre, hace treinta años que no me confieso… Pero no tengo pecados»… Pasa la misa hablando con unos y otros. Comulga y sigue distraído. Después viene Ticia. Confiesa cada semana. «¡Ay, padre, siempre lo mismo!» -lo dice con dolor-. Y «lo mismo» es… Una confesión contrita, en la que no faltan ni pecados ni finura de espíritu. Asiste después a misa devotamente y comulga con humilde recogimiento.

    Al que poco se le perdona, poco ama. ¿Cómo es posible que una persona que lleva treinta años sin confesar no tenga pecados, y a otra que lleva siete días no le falten motivos para la compunción? ¿Acaso la confesión frecuente provoca más pecados? No. La confesión frecuente alumbra más amor, afina el espíritu y lo hace dulcemente sensible al pecado. Ticio no ama; no ve sus pecados porque no le duelen. Ticia se ha enamorado, y anhela la santidad para podérsela ofrecer a su Señor. Nunca piensa que se ha entregado bastante. Pero es muy feliz; conoce un Amor grande.

    Cualquier parecido con la realidad… es falso. Porque esta historia no se parece a la realidad. Es la realidad.

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