Liber Gomorrhianus

12 Junio, 2013 – Espiritualidad digital

Lo que va del neurótico al santo

neurotico_y_santo    La diferencia entre una persona puntillosa y una persona delicada se resume en que, aunque ambos están empeñados en cuidar los más pequeños detalles, la persona puntillosa, con su obsesión, sufre y hace sufrir, mientras la persona delicada, con su finura, goza y hace gozar.

    Antes pasará el cielo y la tierra que deje de cumplirse hasta la última letra o tilde de la Ley. Los fariseos eran puntillosos; les faltaba amor, y por eso el cumplimiento de la Torah era cuestión de perfeccionismo. Pura soberbia. Sufrían intentando ser perfectos, y hacían sufrir imponiendo esa perfección cruel a los demás. Cuando el ego se convierte en dios, es el peor de los tiranos.

    Ha habido santos, como san Josemaría Escrivá, que daban lecciones de cómo cerrar una puerta amando a Dios. Y estaba en todo: indicaba hasta el modo de girar el picaporte. Pero ¡Qué bien lo pasaba! Como un niño envolviendo el regalo de papá. Y, desde luego, lo hizo pasar muy bien a quienes lo aprendieron. Cuando te mueve el amor, el cuidado de los pequeños detalles está lleno de ilusión; quieres lo mejor para el ser amado, y disfrutas puliendo la ofrenda.

    No es lo mismo, ¿verdad?

(TOI10X)