Libros de José-Fernando Rey Ballesteros

10 Junio, 2013 – Espiritualidad digital

Perfumaste la muerte con tus huellas

huella    Los cristianos no rendimos culto a la muerte, sino a la Vida, y con mayúscula; nos gusta comer, beber y reír como al que más. Y cuando comemos, bebemos y reímos, no lo hacemos con mala conciencia, sino que damos por ello gracias a Dios. Somos discípulos de un Dios encarnado que comió, bebió y rió –no lo dudes- con ganas. Pero ese Dios encarnado también lloró, ayunó, sufrió y murió; con menos ganas, como demostró en Getsemaní, pero con un infinito Amor. He ahí la llave que abre las Bienaventuranzas.

    Comer, beber y reír convierten en agradables muchos momentos, pero no hacen feliz a nadie. Sólo el amor hace feliz al hombre. Y cuanto mayor sea el amor mayor es la dicha. No es el comer o el ayunar, el gozar o el sufrir lo que nos hace felices, sino la huella amorosa que Cristo ha dejado en el gozo y el dolor. Cuando comemos o reímos, gozamos de la comida y de su Amor; pero, cuando sufrimos, es sólo su Amor el que nos sostiene. En la Cruz no hay más dicha que el Crucifijo. Y eso es intimidad amorosa. Entonces, el Reino de los Cielos es nuestro.

(TOI10L)