Liber Gomorrhianus

7 Junio, 2013 – Espiritualidad digital

Deberían temblarme las manos…

el-sagrado-corazon-de-jesus    Deberían temblarme las manos al escribirlo, pero creo que sobreestimamos a Dios. Me diréis que es imposible, que Dios es el no-va-más y no hay riesgo de sobreestimarlo. Y yo os responderé –aunque deberían temblarme las manos al escribirlo- que no sólo es posible, sino que sucede. Sobreestimamos a Dios cuando pensamos que nada le afecta, que no se emociona, que no llora, que está por encima del bien y del mal, o que no podemos hacerle daño porque para eso es Dios y no hay quien le haga sangrar.

    Para nuestra sorpresa, Dios ha decidido encarnarse, y en el Hijo se ha revestido de un corazón humano. La omnipotencia divina se ha arrodillado hasta volverse tan frágil como nuestros corazones, a los que una sola mirada puede hacer añicos. Y, siendo perfecto hombre, su corazón es perfectamente frágil. ¡Felicitadme! He encontrado la oveja que se me había perdido. Ya ves: todo le afecta, se emociona, llora… Y sangra. Deberían temblarme las manos al escribirlo: le hemos roto, con nuestros pecados, el corazón a Dios. Contrapartida: también podemos hacerle reír. ¡Y cómo se ríe! Ese Sagrado Corazón de Jesús es Dios derretido en Amor, mendigo del amor de los hombres.

(SCORJC)