Liber Gomorrhianus

1 Junio, 2013 – Espiritualidad digital

Agentes (y pacientes) de la autoridad

policia    A las “autoridades públicas” las llamamos también “poderes públicos”. No es lo mismo, pero en ellos coinciden ambas cualidades. La autoridad radica en la condición de la persona, o de aquél en cuyo nombre actúa, y hace que merezca ser obedecido. Un maestro tiene autoridad por su preparación, y puede delegarla en un ayudante. El poder, sin embargo, no va referido a la condición de la persona, sino a su capacidad de emplear la fuerza. Con la autoridad decimos: «obedéceme porque soy yo». Con el poder decimos: «como me desobedezcas te crujo».

    ¿Con qué autoridad haces esto? Jesús tenía la máxima autoridad que jamás ha tenido un hombre: era Dios y venía en nombre de Dios. Pero nunca quiso ejercer poder, porque más buscaba ser amado que obedecido… Así le fue. Mientras Él respetaba la autoridad de Pilato, los hombres despreciaron su autoridad divina y lo crucificaron.

    Gracias a esa humildad, la obediencia es camino de salvación. Porque quien obedece a un guardia de tráfico no hace nada meritorio. Pero quien obedece a Jesús, a la Iglesia, o al confesor realiza un precioso acto de amor filial, el mismo que realizó el Señor obedeciendo en todo amorosamente a su Padre.

(TOI08S)